A mis casi treinta años entiendo la razón por la cual vivo en un país tercermundista o mejor dicho en vías del desarrollo.
Me he enterado que es un negocio el ser subdesarrollado. Si, como lo leen, el estar sumergidos en una crisis económica, tener altas tasas de analfabetismo y carencias en todos los servicios públicos conjuntamente con altos niveles de corrupción es un gran negocio que deja millonarios a unos cuantos y manda a la más trágica miseria al resto de los ciudadanos de un país.
Organismos nacionales se encargan de frenar el desarrollo de la Republica Dominicana porque es el caldo de cultivo de sus recursos.
A las Ongs que trabajan con los nacionales haitianos no les conviene que el gobierno dominicano tenga una política migratoria, pues ellos se nutren de eso, mucho menos que haya salud y educación en las escuelas. Mientras más deprimentes sean las fotos de sus informes mayor es la cantidad de dinero que recibirán en sus cuentas bancarias.
A los narcotraficantes no les interesa el desarrollo. En una sociedad con funcionarios públicos y privados altamente corrompibles se les permite la inmunidad a bajo costo y la libertad de seguir con sus negocios ilícitos a medida que blanquean su dinero.
A los contrabandistas no le gustaría un control en la frontera que cercene el trafico de personas, alimentos, armas, drogas y todo lo que quepa por esos 320 kilómetros.
A los que viven de los prestamos internacionales y las dádivas de diferentes naciones no les interesa que echemos pa’lante puesto que si ellos están bien los otros que se jodan.
Es por esta claque de personas parásitas que yo tuve que pasarme mis años de colegio escuchando que somos un país en vías de desarrollo y mis nietos, quizás escuchen en la escuela lo mismo.
Ahora me doy cuenta que todo ha sido un negocio de unos pocos que se han organizado como partidos políticos, organizaciones no gubernamentales y bandas organizadas en pro de mejorar su propia vida.

