Llegamos al estadio, la información que nos fue suministrada a las veintitrés horas del dia anterior expresaba que los abonos para asientos de la serie final los venderían a partir de las nueve de la mañana de ese día.
Lo primero es que por disposición administrativa no era sino hasta las dos que las boletas a los nuevos abonados iban a ser colocadas en venta. Hablamos con todo cuanto pendejo pudimos y ninguno de los tres que andábamos en persecución de los asientos del estadio no conseguimos mas que la respuesta de esperar hasta la hora antes señalada para adquirir los boletos.
A mi jefe se le ocurrió enviar al encargado de correspondencia externa de la oficina para hacer la fila desde las diez hasta las dos momento en que nosotros llegaríamos para ocupar el puesto y conseguir los boletos.
Las cosas se complicaron en las obras y el jefe tuvo que salir de la ciudad no sin antes decirme que consiguiera los boletos. Así que a las dos me enfile para el estadio a conseguir los susodichos.
Cuando llego ya advertido de que los azarosos del mercado negro tenían los primeros treinta lugares en una de las filas de adquisición de boletos y aparte de esto cada vez que uno compraba, los demás hacían un tumulto y lograban introducir al que compró y otros mas en la fila, por lo cual en vez de avanzar todos los de esa fila echaban hacia atrás.
Dos de la tarde y yo en el estadio, con la experiencia de cómo era el movimiento y consciente de la complicidad de los guardias y los administradores del estadio para agenciarcie con todos los boletos posibles para luego revenderlos al precio que les venga en gana.
Le dije a mi compañero de trabajo que se quedara en la fila lo cual a regañadientes acepto, mientras yo me coloque en la otra fila que aunque estaba mas organizada por alguna razón no le estaban vendiendo boletos.
Las tres de la tarde y yo ya no era el último porque otros pendejos se habían colocado detrás de mí a esperas de conseguir boleto.
Cuatro de la tarde y mientras el tiempo pasaba entre tertulias con fanáticos del juego como yo, después que vimos despedirse el tour que iba rumbo a santiago el deprimente espectáculo de la fila contigua y como a lo fucker les vendía boletas a todo aquel que portara ramos y cordones en su uniforme militar o al menos estuviese enllavado con los administradores del estadio.
Viene la medida de coerción de que solo cinco asientos por fanático y el nerviosismo se apodera los que esperan conseguir aunque sea entrar al estadio, mientras un conocido revendedor de boletos sale y nos enseña los doscientos asientos que acaba de adquirir, y otro a pesar de que cierta sección del estadio solo pondrían los boletos a la venta al día siguiente mostraba los cincuenta que ponía a nuestra disposición por el módico precio del triple de su valor en la ventana de boletería.
Cinco de la tarde y de cinco a tres se reduce la capacidad máxima de asientos que el que estaba en la fila puede comprar, mientras yo me percato que otro miembro del mercado negro adquiere diez asientos más.
Seis de la tarde y ya no quedan boletos, curiosamente yo cuando hice el conteo inicial en la fila mi posición era la número treinta y cuatro, a esa hora ya yo era el numero cuarenta.
Al final después que solo en la fila que yo me encontraba el sistema de venta de boletas se aturdía y los desordenes de los tiernos muchachos del mercado negro daban eficientes resultados, se terminaron las plazas disponibles para ver los juegos en el estadio Quisqueya, ante una cantidad de incrédulos que se habían pasado desde tempranas horas del día esperando comprar las entradas.
Me pongo a observar el movimiento de los revendedores que ya pedían su oferta, escuche sin mostrarles que prestaba atención a todas sus ofertas y entonces hice mi movimiento.
Ellos pedian por un boleto cuyo valor era ochocientos pesos, dos mil pesos, yo ofrecí por cada boleto cuatro mil con la condición de que quería diez en filas y asientos específicos, palabras que los dejaron perplejos al ser acompañadas de “los quiero para todos los juegos”, lógico yo en mi bolsillo no andaba con semejante cantidad de dinero, ellos por su facha y como es el mercado de la venta de boletos tampoco estaban en capacidad de satisfacerme.
Solo uno salió de su asombro y me señaló a un señor de ningún pelo en la cabeza que desde un vehiculo cerraba negociaciones de boletos y me dijeron que era el único que quizás pudiera satisfacer dicho pedido, fue de esa forma como di con el tipo que invierte groseras sumas de dinero para comprar cantidad de asientos los cuales vende a revendedores que a su vez se los venden a los pobres pendejos que no tuvieron oportunidad de conseguir boleto.
Después de hacerse el desinteresado me pidió que repitiera mi demanda y se la plantee como a los otros esperando sin saber que le iba yo ha decir a este señor si su respuesta era afirmativa. El me explico que no podía venderme los boletos porque no los tenia, así que me puso precio de todos los asientos que disponía, momento que aproveche para que el se pusiera en contacto con mi jefe y entre ellos negociaran, cuando terminaron le dije al tipo que me vendiera boletos de preferencia, esa es la sección a la que siempre asisto, es ahí donde esta el coro, y además después de semejante propuesta que el no pudo cumplir me puso un precio cómodo, el doble del costo de boletería la boleta, y en análisis rápido pensé que la oportunidad de una final licey y aguilas en pleno apogeo no se puede dejar pasar, así compre boletos para todo el que se me ocurrió, claro esta, antes llame y confirme que me pagaran el costo de la entrada.
Al final me dio su celular que lo llamara para boletos de cualquier evento.
Yo partí hacia la oficina con todas mis entradas dentro de mi cuadernito verde que cargo en el bolsillo izquierdo del lado trasero de mi pantalón.