Son las cinco treinta de la mañana, cuando mi despertador suena para anunciarme que mi jornada diaria a de empezar. Lentamente tomo la toalla camino al cuarto de baño e ingreso a él con la pesadez que a todos nos acompaña cuando queremos seguir tendidos a todo lo largo en nuestras camas. Me miro al espejo mientras mecánicamente coloco el dentífrico en mi cepillo de dientes, me digo: estas terrible carlos, pero no te preocupes una ducha y estarás como auto recién salido del consecionario. Giro el grifo mientras introducía a mi boca la principal herramienta de mi higiene bucal, para mi sorpresa, ni siquiera una gota del líquido vital brotó. Ese impacto me despertó por completo, me hizo olvidar la holgazanería de no quererme levantar. Raro que a estas horas de la mañana no haya agua en la llave- me dije-. Recordé n6 haber escuchado la bomba encenderse, mire el reloj de mi celular y note que habían transcurrido unos diez minutos desde que la alarma me sonó, entonces pensé que el sereno del edificio no se había percatado de la hora y no la habría encendido. Luego de tener que usar el agua de la nevera para terminar el cepillado, encendí mi computador para revisar los diarios en la red, a lo que daba tiempo al sereno que cumpliera con su labor.
Treinta minutos habían transcurrido del primer cuarto de este día y aun no encendían la susodicha bomba de agua, y me asalto el pánico de que se hubiesen olvidado que los seres humanos, trabajadores explotados necesitamos un baño mañanero. Decidí bajar a enterarme de la situación. Pregunto al sereno de la mañana: ¿Por qué no han encendido la bomba?, y el me responde con su acento del otro lado de la frontera: la bomba parece tiene problema porque no carga agua.
Que cojones ahora se dañó la bomba y yo voy a tener que cargar agua. ¿Cuándo fue la ultima vez que tuve que hacerlo?, ya me había acostumbrado a verla salir a borbotones por los grifos del apartamento con tan solo girarlos. Ni siquiera tuve que alzar cubos en la reciente crisis de agua que hubo en la ciudad. Solo leía las noticias y no me preocupa por lo que sucedía en los barrios marginados, creo que mis vecinos del edificio tampoco. Ahora el problema nos golpeaba a todos, quienes quizás veíamos el diario y en nuestra posición acomodada nos preocupábamos por nuestros problemas: si subió el combustible de nuestros vehículos semilujosos, si el colegio de los muchachos o la carne en el supermercado. Ahora eran las siete treinta de un día que prometía ser muy ajetreado, y uno por uno fui viendo quejarse a mis vecinos de la falta de agua. Una enojada salia a su balcón y de mala forma culpó al sereno. Otra vocifero desde una ventana: ¡enciendan la bomba!. Solo éramos una vecina que reside en el primer piso, el sereno y yo quienes tratábamos de dar solución a la situación, los demás solo se interesaban en que se resuelva el problema sin ellos aportar el sudor para hacerlo, mucho menos poner sus neuronas a trabajar.
Fue la actitud de las dos señoras lo que me molestó, quizás no se percataron de mi presencia a esa hora en el parqueo, soy una persona que no tolero los abusos y menos que ciertas personas quieran tratar como esclavos a los otros. De hecho tampoco creo que sepan que en su muy organizada vida tienen el mismo horario para salir a trabajar y yo esa información la conozco. Así que volviendo al problema del agua en pocos minutos después de inspeccionarla me di cuenta de lo sencillo que sería resolverle, y molesto con las vecinas redunde en el asunto hasta que las vi a ambas marcharse sin bañarse a sus respectivos lugares de trabajo. Era mi venganza personal, las personas nunca se dan cuenta de las pequeñas cosas en provecho o mal que los demás pueden hacer por ellas. Habiendo vista la venganza contra los improperios lanzadas al pobre custodia, que se notaba preocupado por la situación de la bomba, decidí resolver el problema, le dije que se buscara un cubo de agua, quite una tubería, la llené de agua, la volví a colocar como estaba y encendimos la bomba, la cual funciono de maravillas, proveyendo con la presión y el caudal exactos de la ducha que yo deseaba. El sereno llamó al administrador del edificio, para decirle que ya yo había, momentáneamente resuelto el problema, pero que el tanque hidroneumático estaba pinchado.
Ya pasaban las ocho y cuarto cuando bajé nuevamente al parqueo, listo para irme a cumplir con mis obligaciones, entonces vi el vehiculo lleno de polvo, tomé el mismo cubo unos trapos y lo lavé. Salí del parqueo a las ocho treinta rumbo a mi destino, después de aguardar por mas de dos horas una deliciosa ducha en mi propia casa.
Para colmo de males, llego cansado al apartamento, y son las once de la noche; desnudo frente a los grifos de la ducha, los giro y no hay agua. Esta vez el problema no se pudo solucionar como en las horas de la mañana. Simplemente tuve que cargar mis cubetas y bañarme a jarrito (método muy eficaz para el ahorro del preciado líquido).