Descolgué uno de mis trajes oscuros del closet.
Una de las condiciones de la vida es que su final es la muerte.
Adjunto al contrato de tiempo pasajero que tenemos en la tierra vienen las tristezas y las alegrías.
Me prometí ser feliz, alejarme de los problemas y de las personas que pudieran traer sentimientos de melancolía a mi corazón.
En aquel momento debí pensar ser demente, para desconectarme de lo que me rodea y que el tiempo le pase a mis pensamientos en otra realidad ajena a la que nos encontramos. Solo los locos son felices en la burbuja que se han creado.
Tras los pasos de la vida me he dado cuenta que para ser feliz tengo que amar y eso me lleva comprometerme con la tristeza.
Hace unos días que no veo a mi abuela. Vive cerca de mí. Estamos en la misma ciudad y el viaje solo me toma unos minutos. Hoy visto mi traje oscuro porque voy a verla, Desde ayer sus abrazos fueron cesados, no habrá más besos en la frente ni “Dios te bendiga mi hijo, cuídateme”, falleció apenas ayer, hoy es su entierro y no será la última visita que le haré.
De aquí en adelante su piel se marchitará para dar paso a sus huesos y estos a su vez se harán polvo.
No me enteré sino hasta bien entrada la noche al retornar a mi casa. Aunque trate de sonreír es mentira, para un ser humano hay momentos que te cargan de dolor en la que se esfuman las carcajadas del alma.
