Vienen por mí. Simplemente estoy quebrado. Ellos quieren su dinero y yo no tengo para responderles.
Quizás manden a sus sicarios. Ellos no se ensucian las manos con lacras como yo.
¿A quien contratarían para mí? Uno que me descuartice y esparza mis restos entre sabanas y fundas plásticas en algún paraje lejos de la ciudad o en todos los tanques de basura de la calle.
Tal vez contraten a ese que gusta de hacer penetrar una bala en medio de los ojos y que salga esparciendo tus sesos por detrás de tu cabeza, luego te empapa de gasolina y te enciende hasta que tus huesos se calcinan.
Lo que no quisiera es que la tomen contra alguno de mis familiares. ¡Diablos! Daría mi vida para que no se la jalen con la vieja. Yo soy el culpable de mi desgracia por confiar en esos malditos guardias. Me jodieron. De seguro el cargamento está en la finca de algún general cabrón de los que sabían de la llegada.
Ya vienen por mí, siento sus pasos y su olor a mi muerte llegar, solo puedo fumarme este cigarro y esperar paciente a que me lleven porque si me mató ahora la cogerán con la vieja.
Yo asumí el riesgo cuando entré al negocio. Yo sabía a que me exponía y asentí ser socio en el negocio, no valen ahora las putas que me cogí, ni las pistolas que compre, ni la maldita casa con piscina, ni siquiera mis vehículos del año. Ya huelo a muerto.