Dentro de las tantas cosas que me hacen falta en mi “bucket list” ir al estadio Francisco Michelli era una de ellas.
Desprendí para La Romana el domingo pasado junto a un amigo nativo de esa ciudad turistica en el este de la Republica Dominicana.
A la hora de arribo las calles lucian desiertas, poca gente se aventuraba a caminar bajo el sol caribeño o arrimarse bajo el cobijo de los arboles.
A medida que las horas fueron pasando, desde sus casas, las personas comenzaron a salir. Buscando su fria temprano y comentando el partido del sabado por la noche contra las Aguilas Cibaeñas; el cual Los Toros, equipo local, había ganado 2 vueltas por 1.
El juego daba inicio a las cinco de la tarde y no se hablaba de otra cosa. Mi amigo cuya familia vive en las inmediaciones del estadio habia asegurado con sus amigos boletos JUSTO SOBRE EL DOGOUT DEL EQUIPO LOCAL.
Marcando el reloj las cuatro treinta se desato la locura naranja. A donde quiera que miraras las personas estaban usando prendas naranjas alusivas a Los TOros. Collares, pulseras, lazos de pelo, poloshirts, gorras, camisas, vestidos, pelucas, mochilas; todo color naranja.
Cuando llegamos al estadio ese que se veia desierto, salvo por los revendedores de boletos, unas horas antes; Estaba inundado por una MAREA NARANJA de personas que entraban al partido.
Dentro, los bleachers de ambos lados del terreno estaban repletos. Los techos de los pabellones deportivos circundantes tambien. Y los palcos se reventaron despues de la segunda entrada.
Los Visitantes, Tigres del Licey, tomaron la ventaja tres por cero en la primera entrada y nunca perdieron el control del juego, sin embargo los fanaticos no se amilanaron y vitoreaban a su equipo entrada por entrada con la esperanza de poder celebrar la victoria.
El juego concluyo con el out 27 y el resultado fue una victoria azul en el corral de los Toros. Mas sin embargo para mi fue una experiencia que me renovo el fanatismo por el beisbol disminuido en los ultimos años por un Estadio Quisqueya con apenas un puñado de fanaticos que no alcanzan para cubrir la decima parte de los dieciocho mil asientos del parque.