He tenido que tomar por costumbre leer los artículos publicados en diarios extranjeros, esto así porque los periodistas de estos dos tercios de isla tercermundista se han olvidado de escribir. No lo tomen a mal, ni piensen que ya no se escribe en los diarios y revistas, al contrario; hoy en día nos bombardean con publicaciones de todos los oficios y con muy variopintos temas centrales; a lo que me refiero es a la pobreza del idioma empleado y las pocas luces en los artículos compuestos.
El exiguo vocabulario de la mayoría que trabajan en los medios escritos en República Dominicana es grave, pese a ser un país con una rica herencia cultural de españoles, africanos, grupos aborígenes y en menor medida franceses, italianos e ingleses.
Ver como articulistas yerran constantemente en el uso de las palabras y se aferran a un reducido grupo de palabras para informar los hechos acontecidos da lastima, peor aún es la pobre construcción gramatical que hacen.
Desde que leí la palabra “viandante” en la primera plana de un periódico vespertino, hace semanas, no he vuelto a toparme con una de estas palabras a las cuales los ignorantes han bautizado como “domingueras” para encubrir su analfabetismo.
Esa razón me ha llevado a ojear en la red los artículos de playas extranjeras que hablan de una realidad distinta a la que vivo, pero con conexiones y paralelismos significativos, sin dejar de seguir leyendo las informaciones monotemáticas de los periódicos de mi país con la esperanza de que en algún momento el nivel ofertado por los articulistas de estos medios aumente y estos puedan comenzar a aportar al conocimiento del colectivo social denominado sociedad dominicana.